
Empiezo mis nuevas andanzas bloggiles con un par de… “buenas razones”.
La anécdota que hoy nos ocupa es la historia de una valla que pasó de ser una simple colección de alambres y estacas con el único propósito de oponer resistencia a quien quisiera pasar al otro lado, a ser la mayor atracción turística del Valle de Cardrona, situado al sudoeste de Wanaka, en Nueva Zelanda.
Todo empezó un día entre Navidades y Año Nuevo de 1999, cuando alguien dejó, tras su paso por la carretera anexa, cuatro sujetadores colgando en la valla sin un objetivo aparente. El caso es que, obviamente, ver unos cuantos sujetadores en medio de la nada colgando de una valla impacta. De esta forma, otras, u otros, siguieron el ejemplo de colgar sus más elegantes prendas íntimas a la vista de todos, llegando de esta forma a haber más de 200 sujetadores en Octubre del año 2000.
Tal como una bola de nieve, la anécdota se fue extendiendo a lo largo y ancho del mundo ampliando así el número de visitantes y, consecuentemente, de corpiños ondeantes al son del aire del Valle de Cardrona. Como era de esperar, los habitantes cercanos a dicha atracción no vivían indiferentes a dicho acontecimiento, y hay quien cree que la valla era buena para todos porque atrae a más visitantes, y otros la comparan, más o menos, con un sacrilegio para el ojo humano.
Entre estos últimos se encontraban las autoridades de la zona, quienes a partir de Abril del 2006 empezaron un procedimiento legal para “limpiar” la valla, lo que terminó el 9 de Septiembre de ese mismo año con el retiro de más de 1500 sujetadores.
Como ya dije, también había defensores de la atracción, y fueron estos últimos los que, durante el transcurso del Wanakafest que se celebró el año 2007, intentaron romper el record mundial de la cadena de sujetadores más larga en honor a su difunta valla.

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