Durante el tiempo que llevo navegando por internet han sido muchas las leyendas urbanas (conocidas en este mundo como hoax) con las que me he encontrado. Aún a día de hoy es algo que todos sufrimos al abrir la bandeja de entrada del correo electrónico: encontrarse con un par de mensajes reenviados en los que se nos insta a reenviar ese mail a 30 personas más para que en la Patagonia profunda no se caiga un niño a un pozo y se quede pentaplégico para el resto de su vida.
Como era de esperar, este tipo de hoax no me hacen demasiada gracia, y me han llegado a cansar hasta el punto en el que mis contactos ya intentan evitar enviármelos (o eso, o a ellos tampoco les hacen gracia ya). En cambio hay uno que sí me ha llamado la atención. Lejos de lo desagradable y cruel que pueda llegar a ser, la idea del Dr. Michael Wong Chang (supuesto nombre ficticio de un estudiante del MIT) y su forma de llevarla a cabo me resultó, cuanto menos, curiosa.
Basándose en los mismos principios utilizados para la “creación” de los bonsais, el Dr. Wong Chang consiguió el mismo efecto con gatos, al ser introducidos a una temprana edad en unos frascos que impedían su crecimiento y, además, moldeaban al animal según la forma del envase, dotándolos de un nuevo valor estético.
Este hoax extendido a partir del año 2000, al contrario que la mayoría que han surcado los mares del ciber-espacio, fue llevado a cabo dando mucha importancia a los detalles. El autor creó una página web “oficial” (hoy en día accesible desde aquí) en donde nos introducía al concepto de los Bonsai Kitten, explicándonos el por qué de su creación, nos detallaba los pasos a seguir, nos brindaba galerías de imágenes e incluso ofrecía, a través de una tienda virtual, desde utensilios para llevar a cabo dicha actividad hasta frascos de diferentes formas y medidas.
¿Por qué?
Según el autor, en Occidente siempre nos hemos maravillado al ver el arte Oriental. Desde los tatuajes, danzas y artes marciales, hasta la increíble precisión de sus miniaturas, en las cuales podríamos englobar a los Bonsais, que durante mucho tiempo ha cautivado a una gran cantidad de personas occidentales (yo mismo he tenido dos). Bajo este pretexto, el Dr. Wong Chang pretendía llegar a un nuevo nivel de arte, complementando la inactividad de los Bonsais con los Bonsai Kitten.
¿Cómo?
Teniendo en cuenta que los huesos de un gato son extremadamente flexibles a las pocas semanas de nacer, si lo introducimos en un bote sus huesos se irán amoldando hasta adoptar la forma del frasco. Una vez que el gato se haya desarrollado lo justo para mantener permanentemente su nueva forma, es liberado del frasco (normalmente rompiéndolo), con lo cual está listo para ocupar cualquier aburrido rincón, como nuevo objeto decorativo.
En la web aparecen un par de recomendaciones a seguir cuando llevemos a cabo nuestro proyecto, como el de crear unos agujeritos para que el gato pueda respirar, darle de comer, o taponarle el ano con pegamento para que expulse heces (tranquilos, como el cuerpo del gato aún está en crecimiento, desarrollará un divertículo que además de contenedor fecal tendrá funciones decorativas).
Alarma, denuncia e investigación por parte del FBI
Como era de esperar, ante tal nivel de detalle en la elaboración de la broma (muchos noticiarios de internet dieron la noticia como cierta), la gente se empezó a preocupar y comenzaron a movilizarse y enviar denuncias. Éstas fueron recogidas por el FBI quien abrió una investigación y zanjó el caso aclarando que se trataba de una broma amparada por la página Rotten.com, la cual es especialista en temas morbosos (por decirlo de un modo sutil).
Yo, por mi parte, creo que Eko (mi gatito) está mucho más bonito moviéndose a su antojo que con forma de jarrón. Y vosotros… ¿Haríais algo así?

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