Los retretes espaciales

Desde hace algún tiempo me he aficionado a seguir noticias muy relacionadas con la investigación espacial. En realidad siempre me ha llamado la atención todo este mundillo, pero últimamente le dedico más tiempo a leer este tipo de noticias que a otras. Quizás mi curiosidad se ve acrecentada por los recientes avances de la Phoenix Mars Lander, que hace tan sólo dos días recogía sus primeras muestras de tierra en el planeta vecino.

No deja de sorprenderme cómo evolucionamos a saltos agigantados en este campo: Que si los viajes a la Luna, que si las estaciones espaciales, que si las sondas de Marte a Plutón… Pero por mucho que avancemos, hay algo que no le puede seguir el ritmo a todo este vaivén tecnológico: nuestra vejiga.

Desde los albores de la carrera espacial, este ha sido un problema que, durante todo este tiempo, no ha venido a menos. Y si no que se lo cuenten a los chicos de la Estación Espacial Internacional, quienes hace poco más de 10 días sufrieron un leve contratiempo, al estropearse una bomba encargada de separar los líquidos, lo cual les obligó a usar otras primitivas formas de evacuar.

Evolución del retrete espacial

El primer retrete espacial fue el propio traje utilizado por el célebre Alan Shepard, quien supuestamente no estaría más de 15 minutos en el espacio y por ello no se pensó en ninguna instalación sanitaria para dentro de la cápsula. Sin embargo, su despegue fue retrasado durante varias horas, en las que estuvo contínuamente en posición, lo que provocó que el esfínter urinario del astronauta no diese más de sí y tuviera que evacuar dentro del traje.

Esto dió paso a una investigación por parte de la NASA para paliar este problema, quienes resolvieron que la mejor opción sería, sin duda, la más sencilla: el pañal. Un pañal ultra absorbente eso sí, y que sigue siendo utilizado hoy en día en viajes de corta duración.

Para viajes más largos inventaron unas especies de bolsas con boquillas especiales para orina (usadas como un condón) y otras para desechos fecales (que venían acompañadas con toallitas impregnadas con desinfectante).

Aún así, el primer retrete de verdad se instalaría en el transbordador espacial y recibiría el nombre de Sistema Colector de Desechos (Waste Collection System). Básicamente es un retrete con agarraderas, que mantienen al autronauta sentado durante todo el proceso, y que funciona a base de corrientes de aire que succionan los residuos sólidos que nuestro cuerpo desecha, y los envía a un tanque séptico de aluminio donde son almacenados en bolsas microperforadas y listas para su posterior transporte a los módulos Progress.

Para los residuos líquidos cuenta con un embudo, cuyos cabezales son reemplazables (uno para cada tripulante), que tras succionar la orina, y gracias a unos ventiladores, separa el aire y el líquido devolviendo el primero al interior de la estación y expulsando el segundo al espacio.

Otros métodos de higiene en el espacio

Los astronautas no sólo se deben preocupar de sus evacuaciones, también tienen que hacerlo de sus otros ámbitos higiénicos, que mientras en la Tierra se hacen de un modo cómodo, ellos lo tienen un poco más difícil.

No tienen duchas, por lo que deben lavarse con toallitas especiales en el mismo lugar donde renuncian a sus desechos orgánicos (es decir, el retrete). En cuanto al pelo, tienen un champú especial que no necesita aclarado, sólo un paso de toalla.

Tampoco pueden escupir en el lavabo la pasta de dientes cuando se los lavan, por lo que la NASA tuvo que investigar un dentífrico especial que pudiese tragarse. Si los astronautas no son capaces de hacerlo, o si prefieren usar su dentífrico preferido de sabor a fresa, siempre pueden recurrir a una de las toallitas húmedas mencionadas anteriormente y escupir libremente.

Para afeitarse y no dejar los miles de pelos flotando libremente por el interior de la nave, deben hacerlo siempre en compañía de alguien más que sujete una aspiradora y absorva estos pelos sobrantes.

Conclusión

Si el vivir durante tres meses en un espacio reducido como la ISS, rodeado de vacío y a miles de kilómetros de tu hogar ya parece lo suficientemente horrible, imaginaos hacerlo bajo estas condiciones…

Realmente para ser astronauta hace falta mucha más preparación de lo que parece, ¿no creeis?

Anteriormente en Bicubico.com...
Star Wars desde el punto de vista afroamericano
El hogar de Tony Alleyne: un tributo a Star Trek
La valla de los sujetadores

En otros blogs...
El Astronauta de Palenque
Yo no soy Pedro Duque el astronauta, broma telefónica
Así es un astronauta

Comentarios


Jenny
4 Junio, 2008

Una entrada muy interesante. Muchas gracias por el enlace hacia mi blog.

Saludos.


Jarkendia
14 Junio, 2008

Realmente curioso. Con lo vago que soy, pasaría de afeitarme en el espacio si tuviese que estar pendiente de uno que me aspirase los pelos xd

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